La brecha entre productividad y salarios se ensancha en Euskadi: el refino de petróleo, clave
Los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social revelan una brecha creciente entre la riqueza generada por los trabajadores y lo que cobran. Desde 2018, la productividad ha aumentado un 44% mientras que la remuneración salarial solo ha subido un 33%. El refino de petróleo, con rentabilidades récord, concentra gran parte de ese desajuste. En Euskadi, la industria y la automoción son especialmente sensibles a esta tendencia.

La productividad crece por encima de los salarios
El análisis de los datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social muestra que, desde 2018, la productividad por trabajador ha aumentado un 44% en el conjunto de la economía española. En el mismo periodo, la remuneración media por asalariado ha crecido un 33%, lo que deja una diferencia de once puntos porcentuales entre ambos indicadores.
Esta divergencia implica que cada unidad de trabajo genera más valor añadido que hace ocho años, pero ese incremento no se ha trasladado de forma proporcional a los bolsillos de los empleados. El sector energético, y en particular el refino de petróleo, es el principal responsable de este comportamiento, según los técnicos del Ministerio.
En el País Vasco, esta tendencia se percibe con especial claridad en sectores como la industria transformadora o la máquina-herramienta, donde la automatización y la mejora de procesos han elevado la producción sin un correlato equivalente en los salarios. La pujanza de estas actividades, muy presentes en Bizkaia y Gipuzkoa, contrasta con una distribución de la renta que los agentes sociales consideran insuficiente.
El refino de petróleo dispara la rentabilidad energética
La rentabilidad del sector energético ha alcanzado máximos históricos gracias al refino de petróleo, que ha visto aumentar sus márgenes de forma sostenida desde 2021. Este subsector explica casi un tercio de la inflación acumulada en el periodo, lo que ha reducido el poder adquisitivo real de los hogares.
El efecto es doble: por un lado, la productividad agregada se ve impulsada por las cuentas de resultados de las grandes petroleras; por otro, los precios de la energía y los combustibles presionan al alza el IPC, erosionando la capacidad de compra de los salarios nominales. Este fenómeno ha sido señalado por los analistas como un factor clave para entender la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.
En Euskadi, la factura energética tiene un peso relevante en las cuentas de las empresas industriales y de transporte, que ya arrastran márgenes ajustados. La combinación de energía cara y salarios moderados afecta tanto a la competitividad de las compañías como a la demanda interna, un equilibrio que las patronales vascas han puesto sobre la mesa en reiteradas ocasiones.
Una brecha con consecuencias para el consumo y la inversión
La distancia entre productividad y salarios tiene efectos directos sobre el consumo interno y el clima social. Si la remuneración no acompaña al valor generado, la demanda agregada tiende a debilitarse, lo que a su vez frena la inversión empresarial en nuevos proyectos.
Fuentes del Ministerio consultadas para este artículo subrayan que el reto no es solo corregir la desviación a corto plazo, sino garantizar que los incrementos de productividad se distribuyan de manera más equitativa en el futuro. Mientras tanto, los sindicatos ya han advertido de que esta tendencia, de mantenerse, amplificará las tensiones en la negociación colectiva de los próximos años.
En el ámbito vasco, la negociación colectiva sectorial ha sido tradicionalmente un contrapeso a la deriva salarial. Sin embargo, con la inflación subyacente todavía alta y los convenios plurianuales a la baja, los trabajadores de la industria o los servicios han visto como su poder de compra se resiente. Expertos consultados coinciden en que, sin un reparto más equitativo de los frutos del crecimiento, la competitividad a largo plazo del tejido empresarial vasco corre el riesgo de verse comprometida.



