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Autónomos sin vacaciones: la otra cara del descanso estival en Euskadi

Mientras millones de asalariados regresan de sus vacaciones, muchos autónomos en Euskadi no han podido cerrar su negocio ni un solo día. La falta de ingresos y la presión económica convierten el descanso en un lujo que no todos pueden permitirse. Una realidad silenciosa que afecta a casi 18.000 trabajadores por cuenta propia en la comunidad.

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(El Español)

El coste real de cerrar: perder ingresos y sumar gastos

Para la mayoría de los autónomos, coger vacaciones no es una decisión sencilla. Al hecho de dejar de facturar durante los días que cierran el negocio hay que sumarle los gastos fijos que no se detienen: alquiler del local, suministros, cuotas de la Seguridad Social y otros costes asociados. El resultado es que, en muchos casos, unas semanas de descanso pueden arruinar el balance anual de todo un año de esfuerzo.

La situación se agrava en sectores como el comercio minorista, la hostelería o los servicios personales, donde la clientela no espera. Cerrando la persiana, se pierde la oportunidad de venta de ese día y no hay forma de recuperarla. Así lo explica la columnista Raquel Ecenarro en una tribuna publicada en Crónica Vasca, donde recoge el testimonio de su librera de referencia: "no he cogido ni un solo día" fue su respuesta al ser preguntada por sus vacaciones.

No se trata de una elección, sino de una necesidad económica. La misma autora, que también es autónoma, señala que "puede más la pasión por el trabajo que unos días de desconexión", pero matiza que la mayoría de quienes no se van es porque "no se lo pueden permitir".

Sin derecho a enfermar: la otra brecha de los autónomos

Más allá de las vacaciones, la columna denuncia una realidad más profunda: la imposibilidad de enfermar. Los autónomos no tienen derecho a baja laboral retribuida como los asalariados. Si un trabajador por cuenta propia cae enfermo, deja de facturar y, además, tiene que seguir pagando sus cuotas.

Esto explica que muchos autónomos eviten ponerse malos o retrasen la visita al médico hasta que la situación es insostenible. La autora lo resume con ironía: "debe ser que con el carné de autónomo te dan otro que te hace inmune". Aunque las estadísticas muestran que los autónomos cogen menos bajas, no es por salud, sino por falta de alternativa.

La falta de protección social es una de las principales quejas del colectivo. Cambiar esto requeriría una reforma estructural del sistema de la Seguridad Social, que hoy no distingue suficientemente entre las distintas situaciones de los trabajadores por cuenta propia. Mientras tanto, muchos siguen trabajando con fiebre, con dolor de espalda o con estrés acumulado.

Autónomos sin voz: la reivindicación silenciosa

Los autónomos representan una parte significativa del tejido empresarial vasco, pero su capacidad de presión política es limitada. Organizaciones como ATA o UPTA existen, pero su impacto en la negociación colectiva es mucho menor que el de los sindicatos en el ámbito de los trabajadores asalariados.

La columna de Ecenarro denuncia esta asimetría: "Somos casi 18.000 autónomos en Euskadi, más de 3 millones en España y seguimos teniendo mucha menos voz de la que nos corresponde a la hora de reivindicar derechos".

A pesar de ello, los autónomos contribuyen de manera decisiva a la economía vasca. Pagan impuestos, generan empleo y mantienen comercios de proximidad que dan vida a los barrios. La librera del ejemplo es un símbolo de esta realidad: mantiene abierto un negocio que es mucho más que una tienda, un espacio cultural y de encuentro.

La autora pide empatía ante las preguntas incómodas que reciben cuando dicen que no han tenido vacaciones. "Vaya mierda de negocio tienes" es una de las reacciones que más duelen. Una respuesta que demuestra el desconocimiento de una realidad que afecta a cientos de miles de familias en todo el país.

La incertidumbre del futuro: qué será de los autónomos cuando se jubilen

La columna aborda también la gran incógnita que planea sobre la cabeza de muchos autónomos: qué será de ellos cuando tengan que cerrar el negocio. Las pensiones de los trabajadores por cuenta propia son, en muchos casos, bajas porque las cotizaciones se realizan sobre bases mínimas.

La autora recuerda que la mayoría de los autónomos cotizan por lo mínimo para intentar reducir costes. Eso se traduce en pensiones futuras que apenas superan la cuantía básica, lo que les obliga a trabajar más allá de la edad de jubilación o a aceptar un nivel de vida muy inferior al que tenían durante su vida laboral.

Mientras tanto, la presión fiscal no cesa. Los autónomos pagan sus impuestos trimestralmente, y Hacienda "nunca se olvida de cobrar", como señala la columna. La cuota de autónomos, además, ha ido subiendo progresivamente en los últimos años, lo que reduce aún más el margen de maniobra de estos trabajadores.

La solución pasaría por un mayor reconocimiento social y político del papel de los autónomos, así como por políticas públicas que fomenten una cobertura adecuada para los períodos de vacaciones, enfermedad o jubilación. Mientras tanto, los autónomos continuarán siendo "los parias del mercado laboral", como denuncia la autora, con los derechos laborales avanzando para otros pero no para ellos.