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La ventaja renovable española no llega a la industria electrointensiva: paga hasta un 30% más que la francesa

España ha logrado que el viento y el sol abaraten el precio de la electricidad en el mercado mayorista, pero ese ahorro no llega con la misma intensidad a todos los consumidores. Según publica El Correo, las fábricas electrointensivas del país abonan hasta un 30% más que sus competidoras francesas y los hogares acumulan un sobrecoste de 123 euros por los ajustes de la red. Una brecha que, en sectores como la siderurgia, compromete los márgenes y condiciona decisiones de inversión, con especial impacto para el tejido industrial vasco.

Fotografía que ilustra la noticia: La ventaja renovable española no llega a la industria electrointensiva: paga hasta un 30% más que la francesa
(El Correo)

Una ventaja que se diluye en el camino al consumidor industrial

El despliegue renovable ha convertido a España en uno de los mercados mayoristas más baratos de Europa en horas de alta generación eólica y solar. Sin embargo, esa ventaja comparativa no se traslada íntegramente a la factura final de los grandes consumidores industriales. La información publicada por El Correo apunta a que las fábricas electrointensivas españolas soportan un sobrecoste de hasta el 30% frente a sus competidoras galas.

El mecanismo conocido como 'escudo antiapagón' y la brecha existente en las ayudas a la industria electrointensiva entre ambos países explican, según las fuentes consultadas por El Correo, una parte relevante de esa diferencia. Mientras Francia ha consolidado un sistema de apoyo que abarata el suministro a sus grandes consumidores industriales, en España los mecanismos compensatorios no logran cerrar la distancia con los precios que pagan los competidores europeos.

Para la industria vasca, con un peso significativo en sectores como la siderurgia, la máquina-herramienta o la automoción, esta brecha tiene consecuencias directas. El artículo destaca que "para sectores como la siderurgia la brecha con los vecinos europeos compromete los márgenes y condiciona las decisiones de inversión", una advertencia que resuena con fuerza en un territorio donde la industria representa un porcentaje del PIB muy superior a la media estatal.

Los hogares también notan el desajuste en la factura

El impacto del diseño del sistema eléctrico no se limita a la industria. La publicación señala que los hogares españoles acumulan un sobrecoste de 123 euros anuales en conceptos vinculados a los ajustes de la red. Esta cifra refleja cómo los costes regulados y los mecanismos de ajuste del sistema se trasladan a los consumidores domésticos, reduciendo el beneficio que debería suponer la mayor presencia de generación renovable.

El artículo subraya que "España ha conseguido que el viento y el sol abaraten el precio de la electricidad, pero ese ahorro no está llegando con la misma" intensidad al conjunto de los consumidores. Esa frase, que queda incompleta en la fuente original, apunta a que el desfase entre el precio mayorista y el que acaban pagando los usuarios finales es uno de los temas centrales del debate energético actual.

Este sobrecoste se produce en un contexto de precios mayoristas que en numerosas horas del año tocan mínimos históricos gracias a la eólica y la solar. La cuestión, según se desprende del análisis de El Correo, no es tanto la generación como la estructura de costes regulados, peajes y cargos que se aplican sobre el consumo y que diluyen la ventaja comparativa que debería proporcionar el mix renovable español.

Un problema estructural que afecta a la competitividad

La brecha de precios entre España y Francia no es un fenómeno coyuntural. Responde a decisiones de política energética e industrial que afectan a la competitividad de las plantas que operan en el Estado. La combinación del escudo antiapagón —diseñado para proteger el suministro— con un sistema de ayudas a la electrointensidad que la fuente considera insuficiente sitúa a las fábricas españolas en una posición de desventaja relativa.

Para el País Vasco, donde la industria electrointensiva tiene un peso notable en la economía, la cuestión adquiere una dimensión estratégica. Las plantas siderúrgicas y las empresas de transformación metalúrgica son consumidoras intensivas de electricidad y cualquier diferencial de coste respecto a competidores europeos se traduce directamente en peores márgenes y en una dificultad añadida para mantener la actividad y el empleo en el territorio.

La fuente no detalla las cifras exactas del sobrecoste que soporta cada sector ni cuantifica el impacto concreto en la industria vasca, pero la advertencia sobre el compromiso de los márgenes y la influencia en las decisiones de inversión dibuja un escenario que los responsables industriales vascos conocen bien. El artículo de El Correo, firmado por Cristina Cándido, incide en que la brecha "compromete los márgenes y condiciona las decisiones de inversión", un factor clave en un momento en que la descarbonización exige precisamente fuertes inversiones en las plantas existentes.

Un debate abierto sobre el diseño del sistema eléctrico

El análisis publicado por El Correo reabre el debate sobre cómo se distribuyen los beneficios de la transición energética. Que España genere electricidad más barata en el mercado mayorista gracias a las renovables no garantiza automáticamente que la industria y los hogares perciban ese ahorro. La estructura de costes regulados, el diseño de los mecanismos de ajuste y la comparación con los sistemas de ayuda de otros países europeos determinan el precio final.

La fuente no indica qué medidas concretas plantean los sectores afectados ni recoge pronunciamientos institucionales al respecto, pero el dato de la diferencia del 30% con las competidoras francesas sitúa el problema en el centro de la agenda industrial. En un territorio como Euskadi, donde la energía es un insumo crítico para la industria, la evolución de esta brecha será seguida con atención tanto por las empresas como por las instituciones vascas, que en los últimos años han incorporado la competitividad energética como una de sus prioridades de política industrial.

La publicación no ofrece proyecciones sobre cuándo podría corregirse el desajuste, pero subraya que el problema es estructural y no una anomalía temporal. La comparación con Francia, que ha combinado su parque nuclear con un sistema de tarifas reguladas para la industria electrointensiva, evidencia la dificultad de replicar en España un modelo equivalente con un mix renovable y mecanismos de mercado diferentes.