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La automoción vasca aspira a un negocio de 3.400 millones con las seis plantas chinas instaladas en España

Las empresas de componentes de automoción del País Vasco han puesto en el radar las seis plantas de fabricación de vehículos que marcas chinas han instalado o proyectado en España. El objetivo, según avanzan los fabricantes, es hacerse un hueco en la cadena de suministro de esas factorías y captar un negocio estimado en 3.400 millones de euros.

Fotografía que ilustra la noticia: La automoción vasca aspira a un negocio de 3.400 millones con las seis plantas chinas instaladas en España
(El Diario Vasco)

Seis plantas, cinco marcas y una oportunidad de suministro

España cuenta ya con seis plantas de producción de coches vinculadas a marcas chinas, impulsadas por cinco fabricantes asiáticos que han desembarcado con diferentes proyectos y socios europeos. Esa implantación abre una puerta a la industria auxiliar vasca, tradicionalmente fuerte en la fabricación de componentes y con una posición consolidada en el mapa europeo del sector.

Los fabricantes vascos de componentes tratan ahora de convertirse en proveedores de esas seis plantas. El volumen de negocio potencial que se persigue alcanza los 3.400 millones de euros, una cifra que la industria vasca considera alcanzable si logra entrar en los programas de suministro de las nuevas factorías.

La información, publicada por El Diario Vasco, no detalla qué plantas concretas ni qué marcas están implicadas, pero sí confirma que el desembarco chino en el sector automovilístico español se ha convertido en una de las grandes bazas para la industria auxiliar vasca en los próximos años.

Una industria que mira a la electrificación

El interés de los componentes vascos por las plantas chinas no es casual. El tejido industrial de Euskadi ha acompañado durante décadas a las grandes factorías de automoción españolas y europeas, y ahora busca repetir ese papel con los nuevos actores que llegan con la electrificación.

La apuesta china por España responde a su estrategia de fabricar cerca del mercado europeo y sortear así los aranceles y las barreras comerciales. Para la industria vasca, esa reubicación de la producción representa una oportunidad para mantener su facturación y su empleo en un momento de transformación del sector hacia el vehículo eléctrico.

El movimiento se produce, además, en un contexto de reorganización de la cadena de valor del automóvil, en el que los proveedores locales que logren adaptarse a las exigencias de los nuevos fabricantes podrían asegurarse contratos de larga duración.

Un reto logístico y tecnológico

Entrar en la cadena de suministro de las plantas chinas no es solo una cuestión de contactos comerciales. Las empresas vascas tendrán que superar exigencias técnicas, de calidad y de plazos de entrega que los nuevos fabricantes trasladan a sus proveedores. También deberán competir con otras industrias auxiliares del resto de España y de Europa por hacerse con los contratos.

La cercanía geográfica entre las plantas ubicadas en España y las fábricas vascas de componentes, junto con la experiencia acumulada en procesos de fabricación complejos, juega a favor de las empresas de Euskadi. El sector confía en que esa combinación de proximidad y know-how sea suficiente para captar una parte sustancial del negocio estimado en 3.400 millones.

De momento, la industria vasca ha empezado a moverse para posicionarse ante los responsables de compras de las nuevas plantas, en una carrera en la que el tiempo y la capacidad de adaptación serán factores decisivos.