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España mantiene un déficit de productividad de 22 puntos frente a Europa: el tamaño de la pyme vasca, en el foco

La productividad de la economía española sigue estancada en una brecha de 22 puntos respecto a la media de sus homólogos europeos, una distancia que apenas se ha reducido en tres décadas. El tamaño reducido del tejido empresarial —dominado por pequeñas compañías— vuelve a situarse en el centro del diagnóstico, según el último análisis publicado por Fedea.

Fotografía que ilustra la noticia: España mantiene un déficit de productividad de 22 puntos frente a Europa: el tamaño de la pyme vasca, en el foco
(El Diario Vasco)

Una brecha que no se cierra en tres décadas

El diferencial de productividad que separa a la economía española de la europea se mantiene intacto pese a los años de crecimiento. El dato que maneja Fedea, recogido en una información publicada por Diario Vasco, sitúa esa distancia en 22 puntos porcentuales respecto a los países homólogos de la Unión Europea. La cifra no es nueva: la brecha lleva décadas sin cerrarse y el último ejercicio apenas ha alterado unas décimas la fotografía histórica.

El análisis no se limita a constatar el retraso, sino que apunta a sus causas. La explicación principal que maneja el think tank es estructural: el tejido productivo español está formado mayoritariamente por empresas de pequeño tamaño, y son precisamente esas compañías las que registran una productividad más baja. Fedea, una de las fundaciones de economía aplicada más citadas en los debates de política económica española, elabora informes periódicos sobre la productividad y la competitividad del país.

La persistencia del diferencial tiene consecuencias directas para la renta per cápita y para la capacidad de financiación del Estado de bienestar. Un país que produce menos valor por hora trabajada que sus socios comunitarios traslada esa debilidad a los salarios, al consumo y a la recaudación fiscal. El diagnóstico coincide con el que vienen repitiendo organismos internacionales como la OCDE o la Comisión Europea en sucesivas revisiones de la economía española.

El peso de las pequeñas empresas en el diagnóstico

El dato central que maneja el informe es contundente: el 99% del tejido empresarial español son pymes. Esa fotografía no es un matiz, sino el núcleo del problema que identifica Fedea. Las pequeñas empresas, que son la inmensa mayoría en España, presentan unos niveles de productividad inferiores a los que registran las compañías de mayor tamaño, y el peso de esas pymes en el conjunto de la economía es tan grande que tira hacia abajo del promedio nacional.

Esa estructura contrasta con la de las economías europeas con las que España se compara. En países como Alemania o Francia, la presencia de grandes compañías industriales y de servicios tiene un mayor peso relativo, y eso contribuye a elevar el promedio de productividad agregada. El tamaño, en definitiva, se convierte en un factor explicativo de primer orden cuando se analiza la distancia con la media europea.

El debate sobre el tamaño empresarial no es nuevo en el País Vasco. La economía vasca comparte el mismo patrón que el conjunto del Estado: un tejido dominado por pequeñas y medianas empresas, aunque con una presencia industrial comparativamente más fuerte que la media española. El informe de Fedea no entra a desglosar la realidad vasca, pero el diagnóstico general traslada directamente a un territorio donde la industria de automoción y máquina-herramienta convive con miles de micropymes que arrastran una productividad inferior a la de sus homólogas europeas.

Qué supone ese punto débil para la economía vasca

El análisis de Fedea llega en un momento en que el debate sobre el modelo productivo se ha reactivado tanto en Madrid como en las comunidades autónomas. En Euskadi, el tejido empresarial presenta un peso de la industria superior a la media española, pero también comparte el rasgo estructural que el informe señala: una masa de pequeñas y medianas empresas que condiciona los agregados de productividad.

Para una economía como la vasca, donde el sector industrial y las empresas de tamaño intermedio tienen una presencia relevante, el diagnóstico tiene lecturas concretas. La productividad no depende solo de la tecnología o del capital físico, sino también de la escala: las empresas pequeñas tienen más dificultades para invertir en I+D, para internacionalizarse y para atraer talento cualificado. Todo ello termina reflejándose en el valor añadido que genera cada hora trabajada.

El análisis de Fedea, difundido por Diario Vasco con una imagen de un comercio urbano de pequeño tamaño, incide en que el problema no se ha corregido con el paso del tiempo. El dato de los 22 puntos de distancia respecto a los homólogos europeos se mantiene como un techo que la economía española no logra superar.

Un debate que afecta a la política económica y a las empresas vascas

El diagnóstico de Fedea reabre un debate con implicaciones directas sobre la política industrial y fiscal. Si la causa del menor nivel de productividad es estructural, las medidas de estímulo a corto plazo tienen un recorrido limitado y las soluciones pasan por rediseñar el tamaño medio de la empresa, el acceso a financiación y los incentivos a la innovación.

Para el tejido empresarial vasco, la cuestión no es menor. Euskadi concentra una de las mayores densidades de industria manufacturera del Estado y empresas tractoras de tamaño mediano con presencia internacional. Sin embargo, el diagnóstico de Fedea sobre el conjunto de España también aplica al comportamiento medio de la economía vasca en los indicadores agregados de productividad.

La referencia europea es clave en este punto. La comparación con los homólogos de la UE no es abstracta: define el nivel de vida relativo y la posición competitiva de las empresas en el mercado único. Mientras la brecha permanezca en 22 puntos, las compañías vascas que compiten con operadores europeos parten de una base de generación de valor inferior a la de sus rivales.

Ni el ciclo económico corrige el problema estructural

El hecho de que la brecha apenas se haya movido en tres décadas descarta que se trate de un fenómeno coyuntural ligado a un momento concreto del ciclo. Ni los años de expansión anteriores a la crisis financiera, ni la recuperación posterior, ni el reciente crecimiento del empleo han logrado alterar de forma significativa la distancia con Europa.

Este patrón tiene una consecuencia clara: la mejora de la productividad no puede esperarse de la inercia ni de la evolución favorable del empleo. La creación de puestos de trabajo en sectores de bajo valor añadido, muy intensivos en mano de obra, tiende a compensar las ganancias de eficiencia que sí consiguen determinados segmentos industriales o tecnológicos.

El informe de Fedea llega en un contexto en el que tanto el Gobierno central como el europeo han puesto el foco en la productividad como palanca para sostener el crecimiento a largo plazo. La reducción de la jornada laboral, la digitalización o los fondos europeos son políticas que, según los economistas, solo tendrán impacto real si vienen acompañadas de cambios en la estructura productiva.

Estructura productiva y comparativa europea

La metodología del análisis de Fedea compara la productividad española con la de un grupo de países homólogos de la Unión Europea. El término 'homólogos' es relevante: no se trata de compararse con Alemania o los países nórdicos, sino con economías de características similares en cuanto a tamaño y nivel de desarrollo. Aun así, la distancia es de 22 puntos, un abismo que lastra la renta media y la competitividad.

La literatura económica sobre esta cuestión lleva años señalando que el problema no es solo la composición sectorial, sino la distribución interna del tamaño empresarial. España cuenta con menos grandes empresas y muchas más microempresas que la media europea, y eso se traslada directamente a la productividad media calculada sobre el total de horas trabajadas.

Fedea, cuyos informes son de referencia habitual en el debate económico español, incide en que las pequeñas empresas presentan peores niveles de productividad que las grandes. El informe no plantea una solución única, pero el diagnóstico apunta a que cualquier estrategia de convergencia con Europa pasa por abordar esa estructura empresarial fragmentada.

Qué se sabe de la fuente y qué falta por conocer

La información ha sido difundida por Diario Vasco, que firma la crónica con datos atribuidos al análisis de Fedea. El artículo original indica que la distancia de dos dígitos se mantiene y que la explicación estructural reside en el tejido de pequeñas empresas. No se detallan en la información publicada los cálculos exactos de qué países integran la comparación, la metodología empleada por Fedea ni el desglose sectorial del diferencial.

El indicador de productividad laboral, entendido como valor añadido bruto por hora trabajada, es la referencia habitual en estos informes. La comparación con los "homólogos europeos" sugiere una selección de países de referencia, un matiz metodológico relevante a la hora de interpretar los 22 puntos de distancia.

La publicación del dato llega en un momento en el que la productividad se ha convertido en una prioridad declarada en los programas de inversión europeos. Los fondos de recuperación, condicionados a reformas estructurales, han vuelto a poner el foco sobre reformas que afectan al tamaño empresarial y a la regulación del mercado de trabajo, dos variables que el análisis de Fedea menciona como parte del diagnóstico. La cuestión, por tanto, no es solo cuánto crece la economía, sino cómo se distribuye ese crecimiento y con qué eficiencia se transforma en valor.