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Sistiaga: "En Euskadi hubo una interrupción de la ética durante mucho tiempo"

El periodista vasco Jon Sistiaga, codirector del documental de Netflix 'Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo', ha asegurado que en Euskadi "hubo una interrupción de la ética, una pausa moral durante mucho tiempo" y ha señalado que el "olvido selectivo" de la sociedad ha permitido que los victimarios "no se sientan interpelados".

Fotografía que ilustra la noticia: Sistiaga: "En Euskadi hubo una interrupción de la ética durante mucho tiempo"
(El Español)

Un paralelismo personal con la víctima

Sistiaga, de 59 años y natural de Irún, ha explicado en una entrevista con motivo del 15º aniversario del abandono de la lucha armada por parte de ETA que el documental, estrenado en Netflix, nace de un paralelismo personal: tanto él como Miguel Ángel Blanco tenían 29 años cuando ETA secuestró y asesinó al concejal del PP en Ermua, el 10 de julio de 1997.

El periodista, que ha cubierto durante más de tres décadas conflictos armados en países como Irak, Afganistán o Palestina, ha relatado que la idea era "jugar con ese paralelismo explorando qué he hecho yo en estos años, qué se ha perdido él y para qué. Para nada". Según ha explicado, la propuesta a Netflix no buscaba esperar al 30 aniversario, sino que la plataforma entendió que la historia "emocionalmente es tan potente que da igual que sea el aniversario".

Un olvido selectivo con "efecto perverso"

Preguntado por qué un grueso de la población joven desconoce la figura de Miguel Ángel Blanco y la historia de ETA, Sistiaga ha señalado que se trata de un fenómeno humano: "Al día siguiente de que todo acabe, los protagonistas de la violencia, bien porque son víctimas, bien porque son victimarios, tratan de pasar página a toda leche".

"La inmensa parte de la población se olvida rápidamente porque es el primer día de su nueva vida", ha explicado, para añadir que ese olvido tiene un "efecto perverso": los victimarios, "los que se han ido de rositas, los que saben algo de los trescientos y pico asesinatos por resolver", no se sienten interpelados. En este sentido, el periodista ha afirmado que "en Euskadi hubo una interrupción de la ética, una pausa moral durante mucho tiempo", y ha recordado que "pertenecíamos a la Unión Europea mientras aquí se mataba gente por pensar diferente".

La falta de memoria en las aulas

Sistiaga ha subrayado que una de las claves del olvido es que "en los colegios no se enseña", y ha destacado que este año es el primero en el que la EBAU en Euskadi ha incluido una pregunta sobre los "años de plomo". El periodista ha insistido en la necesidad de transmitir a las nuevas generaciones lo que ocurrió, y ha señalado que "el 60% de los jóvenes que terminan el documental no conocían a Miguel Ángel".

Descarta una vuelta de ETA pero avisa: puede haber episodios esporádicos

A preguntas sobre las recientes detenciones de dos personas investigadas por la Audiencia Nacional por presuntos delitos de terrorismo, Sistiaga ha sido tajante: "ETA no va a volver. No hay ni capacidad ni ganas dentro para volver a algún tipo de violencia organizada". Ha argumentado que "no se puede montar una organización terrorista en la clandestinidad" en el contexto actual, y ha criticado a los sectores que "usan cualquier altercado de la izquierda abertzale para vincularlo con una posible vuelta del terrorismo".

"Es muy fácil decir en Twitter 'ETA va a volver'", ha ironizado, para añadir que, sin embargo, "puede haber episodios esporádicos de violencia", aunque "eso no significa que haya una organización terrorista armada y fundamentada".

Los traumas afloran en los periodistas vascos

El periodista ha señalado que a los informadores vascos que cubrieron la violencia de ETA "nos está empezando a aflorar los traumas que escondimos durante los 20 años que cubrimos asesinatos y muertes de vecinos, conocidos, amigos o concejales". Sistiaga ha explicado que "funcionábamos con un piloto automático, que era como una coraza", y que ahora, "pasada esa dulce amnesia colectiva", las secuelas salen a la luz.

En su caso, ha reconocido que integró el dolor "porque luego me dediqué a hacer lo mismo en otros lugares del mundo", pero ha subrayado la diferencia: "En Euskadi, nosotros éramos los que nos quedábamos. Los que sabíamos que, si escribías algo que no gustaba, no te mandaban una carta al director. Te mandaban un paquete bomba. Y ahora vivir en una Euskadi donde coges un paquete sin preocuparte, es una gozada".