Labraza levanta seis de sus ocho torres y desbloquea la eólica vasca, paralizada desde hace 20 años
El parque eólico de Labraza, el primero que Euskadi construye en dos décadas, avanza a buen ritmo: seis de sus ocho aerogeneradores ya están asentados y en fase de montaje. El proyecto, promovido por Aixendar —la sociedad creada por Iberdrola y el Ente Vasco de la Energía (EVE)—, supondrá 40 MW de potencia renovable y apunta a convertirse en el primer hito del mapa energético vasco hacia los 450 MW previstos para 2030.

Seis de ocho torres ya están en pie en terrenos próximos a Navarra
Las obras del parque eólico de Labraza, ubicado en terrenos próximos a la villa medieval de Labraza y colindantes con Navarra, han encarado su fase decisiva. Según ha podido comprobar Crónica Vasca, seis de las ocho torres previstas están ya asentadas sobre territorio vasco y en pleno proceso de montaje. Cada una de ellas alcanzará los 200 metros de altura, lo que convertirá a este parque en una infraestructura de gran impacto visual y técnico.
Hace menos de un año, en noviembre, la construcción apenas comenzaba: la maquinaria se preparaba para acondicionar el suelo y cimentar las bases de los aerogeneradores. Ahora, el panorama sobre el terreno es muy distinto. Junto a las torres ya levantadas descansan las palas de los futuros aerogeneradores y las propias nacelles, listas para ser ensambladas. La conexión eléctrica se realizará a través de una línea de evacuación que llegará hasta la subestación de Laguardia.
Siemens Gamesa suministra un modelo con sello vasco en sus multiplicadoras
Los ocho aerogeneradores que conformarán Labraza son del modelo SG 5.0-145 (2.0), suministrados por Siemens Gamesa. Según la información recogida por Crónica Vasca, las palas y torres de este modelo se fabrican en la planta soriana de la eólica de Zamudio, mientras que las multiplicadoras se producen en las instalaciones de Asteasu, en Gipuzkoa. La subestación eléctrica, por su parte, corre a cargo de EDS Ingeniería y Montaje, empresa con sede en Galdakao, Bizkaia.
La cadena de suministro del parque evidencia la implicación de la industria vasca en el proyecto: la participación de empresas locales en componentes clave como las multiplicadoras y la subestación refuerza el argumento de que la transición energética puede traducirse en actividad industrial en Euskadi. La fabricación de las palas, en cambio, se concentra en la planta soriana, un dato que subraya la dimensión interterritorial del proyecto.
99.679 MWh anuales que abastecerán a casi 30.000 hogares
Labraza no solo supondrá un hito simbólico para la eólica vasca, sino que tendrá un impacto tangible en la generación renovable. Los ocho aerogeneradores, de 5 MW cada uno, sumarán una potencia total de 40 MW. Según las cifras del proyecto, el parque producirá anualmente 99.679 MWh, energía suficiente para abastecer a 29.951 hogares. Además, evitará la emisión a la atmósfera de 16.300 toneladas de CO2 al año.
Estas magnitudes colocan a Labraza como una infraestructura relevante en el contexto autonómico, aunque el camino hacia los objetivos renovables sigue siendo largo. El consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, Mikel Jauregi, ha descrito el parque como "el primer hito del mapa EVE" con el que el Gobierno Vasco aspira a construir 450 MW en grandes desarrollos eólicos y fotovoltaicos para 2030. Un objetivo ambicioso, matiza el consejero, si se tiene en cuenta que la producción eólica en Euskadi llevaba paralizada más de dos décadas.
Un proyecto que no escapa a las críticas y a la tensión institucional
El despliegue renovable vasco no avanza sin fricciones. El parque de Labraza ha recibido críticas tanto de vecinos y ecologistas como de los propios promotores de parques eólicos. Las quejas vecinales y medioambientales se centran en el impacto paisajístico y territorial de unas torres de 200 metros, mientras que los promotores denuncian la falta de criterios homogéneos entre las instituciones a la hora de aprobar o rechazar proyectos.
La diferente actitud de las administraciones ante las renovables ha provocado, según la información recogida, que algún promotor ya haya emprendido acciones legales contra las instituciones. Este clima de incertidumbre regulatoria contrasta con la urgencia climática y los objetivos marcados por el EVE para 2030. El avance de Labraza, en este contexto, adquiere un valor simbólico adicional: demostrar que los grandes parques eólicos son viables en Euskadi después de dos décadas de parálisis.



