El grupo portugués Paulo Duarte compra la transportista vasca Barquín y Otxoa
El grupo portugués Paulo Duarte ha llegado a un acuerdo para adquirir el control de Barquín y Otxoa, la empresa familiar vasca de transporte frigorífico con sede en Llodio, más de 40 años de historia y una plantilla que supera los 500 empleados, según ha adelantado El Correo. La operación supone que el operador luso se hace con una compañía que cuenta con una flota de 280 camiones y que opera en un segmento, el de la cadena de frío, de especial relevancia para la distribución alimentaria.

Una operación que refuerza la presencia lusa en el transporte vasco
El grupo portugués Paulo Duarte ha alcanzado un acuerdo para tomar el control de Barquín y Otxoa, una de las empresas de transporte frigorífico con más recorrido en el País Vasco. Según la información publicada este miércoles por El Correo, la operación implica que la firma familiar, que desarrolla su actividad desde Llodio, pasa a estar controlada por el operador ibérico, que de este modo desembarca en el sector vasco del transporte por carretera.
El periódico no precisa el importe de la transacción ni las condiciones concretas del pacto, pero sí subraya que la compañía adquirida mantiene su sede en la localidad alavesa y que cuenta con una plantilla de más de 500 trabajadores. A la espera de que se conozcan más detalles, la operación se enmarca en el proceso de consolidación que vive el sector del transporte frigorífico en la Península, donde los grandes operadores buscan ganar tamaño para afrontar los retos de un mercado cada vez más exigente en materia de eficiencia y trazabilidad.
La entrada de Paulo Duarte en el accionariado de Barquín y Otxoa sitúa al grupo luso en una posición relevante dentro del corredor del Alto Nervión, una zona con fuerte tradición logística e industrial. No obstante, la información disponible no precisa si el cambio de propiedad tendrá algún efecto sobre la estructura de gestión o sobre el empleo de la compañía vizcaína, cuyo arraigo en Llodio se remonta a más de cuatro décadas.
Barquín y Otxoa: cuatro décadas de especialización en frío
Barquín y Otxoa cuenta con más de 40 años de trayectoria en el transporte frigorífico, un segmento que requiere de una gestión cuidadosa de la cadena de frío y de una flota adaptada a las exigencias de la distribución de mercancías perecederas. La compañía, de capital familiar, ha desarrollado su actividad desde Llodio, en Álava, y ha logrado posicionarse como uno de los actores medios-grandes del sector en el País Vasco, con una flota que ronda los 280 camiones.
La plantilla de más de 500 empleados y la antigüedad de la empresa la convierten en un activo con capacidad para operar en un mercado en el que la puntualidad y la conservación de los productos son factores críticos. La compañía ha construido su red a lo largo de décadas, lo que explica el interés de un operador externo por tomar el control en lugar de construir una estructura desde cero.
La operación, además, refleja que el transporte frigorífico vasco, y por extensión el del conjunto del Estado, sigue atrayendo el interés de grupos extranjeros que buscan acceder a redes de distribución ya consolidadas y a capacidad logística operativa. La información de El Correo no detalla si la adquisición incluye la totalidad del capital o una participación de control, ni tampoco si los anteriores propietarios mantendrán algún papel en la gestión o en el accionariado.
El grupo Paulo Duarte amplía su radio en la Península
Con la compra de Barquín y Otxoa, el grupo Paulo Duarte refuerza su presencia en el sector del transporte por carretera en la Península Ibérica, sumando una filial con sede en Euskadi y una flota que, sumada a la propia, ampliará su capacidad logística. La compañía portuguesa, que opera en el ámbito ibérico, parece apostar por una estrategia de crecimiento inorgánico, aprovechando las oportunidades que ofrece un mercado fragmentado como el del transporte frigorífico.
La operación, sin embargo, no está exenta de interrogantes. El Correo no concreta las condiciones laborales de los más de 500 empleados de Barquín y Otxoa, ni el impacto que el cambio de propiedad podría tener en las operaciones diarias de la empresa. Por el momento, la noticia se limita a confirmar el traspaso de control de la sociedad familiar vasca al grupo luso, un movimiento que se inscribe en un contexto de concentración empresarial en el sector logístico europeo.
Para el tejido empresarial vasco, la operación supone la salida de una compañía familiar de un sector estratégico como es el transporte frigorífico, pero también una oportunidad para que un operador internacional inyecte recursos y capacidad de crecimiento en una empresa con raíces locales. La sede de Llodio, la flota de 280 camiones y la trayectoria de más de cuatro décadas son, sin duda, los principales activos que Paulo Duarte adquiere en esta operación.



