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CAF se asegura un megacontrato en Bélgica que puede alcanzar los 5.288 millones con 380 trenes adicionales

La ferroviaria guipuzcoana CAF ha firmado con la operadora belga SNCB un acuerdo marco para el diseño, fabricación y suministro de hasta 380 trenes AM30, con un valor potencial total de 5.288 millones de euros. El contrato base, de 180 unidades y 1.700 millones, ya está en marcha e incluye la participación de Alstom en labores de montaje en Bélgica, tras meses de disputas legales y movilizaciones sindicales.

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(El Español)

El acuerdo base y su alcance

CAF ha cerrado con la Société Nationale des Chemins de fer Belges (SNCB) un contrato marco que arranca con un lote inicial de 180 trenes, por un importe de 1.700 millones de euros. Cada unidad tendrá capacidad para unas 300 plazas, lo que suma 54.000 asientos en esta primera fase.

El acuerdo prevé que CAF pueda suministrar hasta 380 unidades adicionales en el futuro, ampliando la capacidad hasta las 170.000 plazas. Si se ejecutan todas las ampliaciones, el valor total de la operación ascendería a 5.288 millones de euros, lo que convertiría este encargo en el segundo contrato ferroviario más elevado de la historia para CAF, solo por detrás del Haramain High Speed Rail de Arabia Saudí, valorado en más de 6.700 millones de euros.

La SNCB transporta anualmente cerca de 250 millones de viajeros a lo largo de sus 3.700 kilómetros de vía, donde circulan trenes InterCity, regionales y suburbanos que conectan las principales ciudades y regiones belgas. La flota AM30 que ahora encarga CAF sustituirá la que está en servicio actualmente y deberá estar entregada, según el calendario previsto, en un horizonte que alcanza 2032.

Alstom, en la cadena de producción desde Brujas

Pese a la pugna inicial, Alstom también tendrá un papel relevante en la ejecución del contrato. Tal y como confirmó el Ministro de Movilidad belga, Jean-Luc Crucke, durante la inauguración de una nueva planta de SNCB en Ostende, el Ejecutivo de Bélgica pidió a CAF que colaborara con la multinacional francesa en su planta de Brujas.

Esa colaboración implicará que Alstom desarrolle actividades de montaje para los nuevos trenes AM30, una petición que la compañía vasca aceptó. Alstom mantenía fuertes lazos con el país por su propia historia industrial (entre otras, sus plantas están en Brujas, en el noreste de Bélgica) y el acuerdo con CAF evitó de hecho un conflicto social mayor.

Sin embargo, el camino previo no estuvo exento de roce: Alstom reaccionó con dureza cuando se supo que la SNCB seleccionaba a CAF en el concurso de licitación, a finales de 2025. La compañía francesa sostuvo que el proceso incurrió en irregularidades y presentó un recurso ante el Consejo de Estado belga, denunciando que la SNCB habría aplicado métodos o subcriterios de evaluación y valoración que no se habían comunicado de manera transparente a las licitantes.

La batalla legal y las movilizaciones laborales

El malestar no solo se manifestó judicialmente. Los trabajadores de Alstom en Bélgica llevaron a cabo paros y protestas espontáneos para denunciar que la adjudicación a CAF ponía en riesgo puestos de trabajo locales. La plantilla belga de Alstom, que fabrica equipos ferroviarios, reivindicaba que un contrato de esa envergadura debía ser ejecutado por una empresa con centro productivo en el país para garantizar la continuidad de la actividad y el empleo.

Pero Bélgica tiene una larga tradición de movilización sindical y esa presión social acompañó a la demanda judicial, generando un tenso pulso político. La SNCB, por su parte, salió a defender que el procedimiento de licitación se ajustaba a derecho y que CAF había ofrecido la solución técnica e industrial más adaptada a las necesidades del operador público.

La elección final recayó en el grupo vasco hasta en tres ocasiones distintas como ofertante preferente, y finalmente el contrato fue firmado. La resolución del recurso de Alstom no ha hecho pública la determinación final del Consejo de Estado, pero la adjudicación a CAF se mantiene en firme.

La lección para las empresas vascas: los gigantes europeos (como Alstom o Siemens Movilidad) están dispuestos a llevar a la vía judicial una asignación si sospechan que el procedimiento no les es favorable. La contracara es que la respuesta sindical local se ha integrado a la estrategia de presión, y en este caso la empresa entrante ha tenido que negociar una colaboración final con el actor local para desbloquear su presencia definitiva en el operador histórico SNCB.

Impacto comercial y relevancia en el sector ferroviario

El contrato con la SNCB llega en un momento de crecimiento notable para CAF en su segmento ferroviario. La compañía había anunciado que el primer semestre de 2026 contuvo una firma de nuevos pedidos en su negocio de trenes por valor de 3.431 millones de euros, un 77% más que el mismo período de 2025. Esto le ha permitido que su cartera global de pedidos en el ferroviario de elevarese a 15.610 millones de euros hasta febrero de 2026.

Por encima de este acuerdo con Bélgica, solo aparece el Haramain HSR de Arabia Saudí, por 6.700 millones de euros, que sigue siendo el mayor encargo logrado por la empresa. El contrato belga supera también el de California HSR (por 3.500 millones de), el tren rápido que busca unir San Francisco con Los Ángeles y que la vasca había ganado en 2024.

La filial de CAF, la belga, ahora se convierte en un suministro estratégico clave, no solo por la cuantía sino por la duración del proyecto, prevista hasta 2032. Eso garantiza una fuente de ingresos recurrente y una presencia industrial establecida en un mercado europeo central como el también nuclear para la fabricación de bogies y motores para unidades eléctricas.

Desde las autoridades vascas en San Sebastián a los inversores internacionales siguieron con elevado interés la evolución de este importante acuerdo. La capacidad de CAF de haber superado las movilizaciones sindicales, la reclamación legal y el entramado político belga crea un precedente para otras compañías manufactureras que miren hacia licitaciones europeas complejas, donde ya no solo cuentan los bajos costes o la calidad técnica sino también la gestión social del proyecto.